Turno 5

Las nubes se arremolinaban en torno a la Torre, teñidas con la luz rojiza del atardecer, como un terrible presagio. El Monte Dragón se alzaba ante la ciudad de Tar Valon, recordaba a un colmillo negro y afilado que se clavara en ellas.

Se reunieron en el patio, frente a la tarima aún manchada con la sangre de los que habían sido ejecutados anteriormente. Esta vez no se trataba de algo oficial, organizado, aprobado por la Antecámara o la Amyrlin. Esta vez era una cuestión visceral. Más de una mirada brillaba llena de odio o desprecio, reflejando la luz carmesí.

—¿Y bien? —preguntó Sansalayne, arqueando una ceja mientras los recién llegados la rodeaban—. ¿De qué va todo esto?

—Tienes mucho que explicar —replicó Nalibia en tono cortante, con los ojos aún enrojecidos—. Por Antares, por Nevski… puede que incluso por Kerensky. ¿Era parte del plan que él muriera? ¿O sólo un accidente?

NUE posó una mano sobre la empuñadura de la espada.

—Cuidado con lo que dices. —Su voz era casi un gruñido. Symon y Theon reaccionaron de forma similar, en tensión, aunque un gesto suave de Nica les contuvo enseguida.

—Tenemos serias sospechas —explicó la Aes Sedai con calma, aunque Sansalayne pudo ver el brillo en torno a ella en cuanto empezó a aferrar el Poder Único—. Sospechas acerca de tu… lealtad a la Torre Blanca.

—Sólo hay una forma de averiguarlo, ¿no? —añadió Eleuve, rodeada por sus tres Guardianes.

Asha, que se encontraba hablando con Sansalayne cuando los demás aparecieron y hasta entonces había permanecido al margen, se adelantó y carraspeó.

—Tal vez deberíamos esperar a la Amyrlin antes de hacer alguna tontería. Sería algo sin precedente en la Torre que…

—Guarda silencio —cortó Eleuve—. Esto es un problema dentro del Ajah Verde, y será el Ajah el que se ocupe de resolverlo. No nos molestes, he dicho.

Tensa, con los puños apretados hasta que los nudillos quedaron blancos, Sansalayne alzó la mirada con gesto desafiante.

—No sé qué clase de juego es este —siseó—. Teníamos un trato. Las… las cosas están… —Su vista se nubló, se llevó por un momento la mano a la cabeza antes de recuperar la compostura. Eleuve esbozó una sonrisita—. Si todo sale… Como… Nos habíamos librado de ese estúpido de Nod, y estábamos matándolos a todos, lentamente, esas eran las órdenes…

—Es una traidora y ha confesado —indicó Eleuve—. Acaba con esto, Gerold.

El Guardián se movió como un relámpago, la espada centelleando como una estrella fugaz. NUE trastabilló, tambaleándose, como si hubiera sido él a quien hiriera el acero. Pero fue Sansalayne la que se llevó los dedos al estómago, la sangre escurriéndose entre ellos, manchando el vestido verde.

—Me prometisteis…

—Los planes han cambiado.

El brillo del saidar envolvió a Nica, un aura de luz radiante y cegadora. El escudo, invisible salvo para el resto de Aes Sedai, se abatió violentamente en torno a Eleuve, separándola de la Fuente.

—No me tomes por una Novicia, Eleuve —advirtió—. Sé reconocer algo tan terrible como la compulsión cuando la veo. Cómo lo has hecho sin que pudiéramos verte encauzar, eso no lo comprendo, pero ahora ha terminado. No puedes romper mi bloqueo, eso lo sabes. Diles que tiren las espadas y no pasará nada.

Ella se echó a reír por toda respuesta. Sus Guardianes titubearon, aguardando confusos una orden.

—El nombre de Aes Sedai os queda demasiado grande —dijo en tono burlón, saboreando las palabras—. No podría romper tu bloqueo, eso es cierto. Siempre que no estuviera encauzando antes de que intentaras escudarme.

El Poder Verdadero fluyó a través de ella, se materializó en la forma de un brutal golpe de viento que, como el puñetazo de un gigante, lanzó a Nica por los aires, derribándola y haciendo que rodara desmadejada varios metros.

—Matadlos a todos.

Las espadas de Theon y Tremal chocaron violentamente con el chirrido del metal contra el metal. En cuanto Svg2191 se movió hacia delante, acero en mano, Gerold miró de reojo a la Aes Sedai.

—¿También ellas, mi señora? —murmuró.

—Las órdenes han cambiado —explicó ella con desdén—. Han visto demasiado, y en las que podemos confiar son un estorbo… Que no quede nadie vivo. Y que reine el Señor del Caos.

El Guardián asintió y se acercó con zancadas largas a Nica, que intentaba incorporarse en ese momento, tosiendo. Colocó la punta de la espada entre sus hombros y volvió a empujarla hacia abajo.

Theon rugió, dejándose llevar por la rabia; su oponente se echó a un lado, esquivando la estocada, y lanzó un corte rápido con el que le arrancó limpiamente la mano de la espada.

—Traidores por todas partes —dijo Eleuve en voz alta—. Si la Antecámara no puede poner orden en la Torre, entonces tendremos que…

Bajó la mirada, confundida. Una esquirla plateada había brotado de pronto de su pecho, como una espina, y empezaba a teñirse de rojo.

—Se acabó —jadeó NUE a su espalda. La sangre le corría por la barbilla y las manos le temblaban, al borde del colapso, pero había conseguido reunir sus últimas fuerzas para lanzar un último golpe.

Eleuve estalló en carcajadas histéricas. Trató de encauzar, pero el Poder se le escurría entre los dedos, el dolor le impedía asir el saidar correctamente. Buscó el Poder Verdadero, pero se negaba a acudir.

—¿Ahora me abandonáis, Padre de las Mentiras? —se quejó con un gemido agónico, cayendo de rodillas—. ¿Después de todo? Caer… de esta forma… a manos de unos estúpidos… niños que… ni siquiera…

Se desplomó sobre un charco de su propia sangre. Theon yacía ya sin vida, aunque su cuerpo se convulsionaba de tanto en tanto; Tremal había hincado una rodilla en el suelo, apoyándose en la espada y aferrándose el pecho con la otra mano, a la altura del corazón; un enloquecido Svg2191 se lanzó contra Asha, que trataba de alejarse con todo el disimulo posible. El pánico impidió que la mujer asiera la Fuente a tiempo de evitar que el Guardián la acuchillara una y otra vez. Nalibia se encontraba de rodillas sobre la hierba, con las manos a ambos lados de la cabeza. Gritando.

—¡Basta!

La voz de Madelaf, amplificada por el Poder, resonó en los jardines. Era ya demasiado tarde, sin embargo; salvo Nalibia y Symon, no quedaba nadie con vida en aquella siniestra reunión. El Guardián se encontraba junto al cuerpo sin vida de Nica, acariciando con dulzura el pelo de la Aes Sedai. Al escuchar a la Amyrlin, levantó la vista; en sus ojos no quedaba nada más que rabia y muerte. Se arrojó contra ella, descargando toda su fuerza en un golpe brutal que Mr Lannister detuvo en el último instante.

—Basta, he dicho —repitió ella, pillada por sorpresa, envolviéndose demasiado tarde en la luz cálida del saidar. Su Guardián y Symon bailaban, una figura tras otra; La Grulla Extiende las Alas siguió a La Luna Alzándose Sobre las Aguas, giro tras giro, finta tras estocada, hasta que Mr Lannister logró aprovechar una abertura y hundir su espada en el estómago de su rival.

—Podrías haber vivido de no ser un idiota —gruñó. Symon sonrió, cansado, y le tomó por la muñeca, echándose hacia delante, clavando aún más la hoja en su vientre.

—El deber es más pesado que una montaña —susurró antes de apuñalar a Mr Lannister en el cuello con un puñal y de dejarse llevar, por fin—. La muerte es más liviana que una pluma

Gerold

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